La ciencia de la prevención ha generado evidencia sustancial sobre intervenciones dirigidas a prevenir el consumo de sustancias y otras conductas adictivas. Sin embargo, ha prestado menos atención a las condiciones que dificultan su diseño, implementación, sostenibilidad y distribución equitativa de los beneficios. El objetivo de este artículo de debate es proponer una definición conceptual de las barreras a la prevención, establecer criterios para su identificación y desarrollar una taxonomía teórica de sus principales categorías, incorporando una perspectiva de género y examinando su especificidad en las distintas acciones preventivas.
Los autores señalan que las barreras a la prevención no deben entenderse únicamente como obstáculos operativos para la implementación de programas, sino como factores ecológicos, condiciones, o procesos que interfieren con las funciones preventivas esenciales y reducen la distribución de la protección preventiva. Cuando las barreras son estructurales o afectan de manera desproporcionada a grupos o territorios específicos, la reducción de la cobertura, la accesibilidad, la aceptabilidad, la continuidad, la equidad o el beneficio preventivo pueden contribuir a mantener o agravar el fracaso de la prevención.
Por esta razón, los autores proponen una taxonomía de seis categorías y un modelo de identificación bidimensional basado en la presencia conjunta de interferencia funcional y consecuencias observables. El marco también considera cómo las barreras pueden variar según la forma de prevención, la función preventiva, la estrategia de intervención, el modo de implementación y el contexto. Señalando que una conceptualización más precisa de las barreras puede fortalecer la teoría, mejorar la investigación sobre la implementación y respaldar políticas públicas más sensibles a la equidad, el género y la regulación de contextos que promueven el riesgo.